Fundayani

Es casi imposible transitar por la vida sin romper una relación; las separaciones suponen el final de una historia de vivencias, ilusiones, sueños, proyectos, anhelos y dificultades compartidas.

Es complicado en muchos casos lograr acuerdos sobre temas económicos y sobre los hijos (si existen); es difícil reorganizar la vida y aún más cuando la pareja se enfrasca en discusiones que no facilitan que el proceso interno se realice, es decir, las tareas del duelo se ven afectadas y no se facilita el funcionar con "normalidad".

Lo primero que pudiese suceder es que la persona se cierra emocionalmente, eso no conviene porque es necesario abrirse a sentir, a vivir la tristeza y la rabia que se experimenta por las ilusiones frustradas, por las expectativas que nunca se cumplirán y asumir el sufrimiento.

En ocasiones, se abren heridas de separaciones anteriores que no se curaron bien y siempre es bueno darse tiempo y espacio para llorar, para escribirle una carta de despedida a esa persona que tanto se amó (no es necesario entregar la carta, pero si hacer el ejercicio de la despedida y si lo desea puede quemarla); recoger las cosas y donarlas, limpiar el closet para abrir nuevos espacios externos e internos.

Luego estará lista (o) para entrar en otra etapa emocional, donde se puede agradecer por lo aprendido, quedarse con lo bonito y bueno de la relación y esas maravillosas lecciones de vida que aprendemos sólo cuando amamos a otro profunda y sinceramente.

Siempre conviene no culpabilizar al otro, es conveniente que cada parte asuma su cuota de responsabilidad en lo que sucedió, así podrá crecer y aprender de sus errores para llevar mejor la siguiente relación.

Intentar soltar, dejarse mutuamente en paz para que cada uno siga su camino, como dice Santiago Rojas Posadas, hay que "desapegarse" y buscar un motivo o sentido que enfile sus acciones y vida para encontrar de nuevo su centro y su sentido espiritual.

Entretanto, es importante darse tiempo y permiso para llorar, para encontrarse de nuevo a sí mismo, aprender de la experiencia y trascender, sustituya la pregunta ¿por qué? por ¿para qué?, e intenté vivir el presente, disfrutar cada momento maravilloso de su vida, porque si bien existir nos coloca frente a una serie de altibajos; siempre sale el sol y con él la posibilidad de recomenzar, disfrutar y volver a amar llevando consigo todo lo aprendido.

Retomo las palabras de Nietzsche "Aquel que tiene un porqué para vivir, se puede enfrentar a los cómos".

¡Reafirma tu vida, tú puedes lograrlo!


Por MSc Franca Trezza

Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta