Fundayani

Diciembre es el último mes del año, es el momento de mirar atrás y ver con alegría o tristeza la senda que ya no ha de volver; se reevalúa lo vivido y como reza la canción "unos van alegres y otros van llorando". Si cierras tu año con alguna pérdida este artículo es para ti, esperando recibas consuelo y acompañamiento a tu dolor.

En la vida perdemos muchas veces, de hecho, creo que el ser humano ante las crisis se hace grande y evoluciona o se cierra emocionalmente si no logra elaborar adecuadamente sus duelos. Entre los dolores más grandes está la pérdida de un hijo, de los padres, de la pareja, los amigos, el trabajo y otros.

Ciertamente hay semejanzas y diferencias entre la muerte de un familiar y la ruptura de una relación o la pérdida del trabajo, entre otros. En todos los casos se experimenta una herida profunda, un gran dolor, ansiedad, irritabilidad o desgano, embotamiento, deseos de dormir y no despertar jamás, inapetencia, pocos deseos de divertirse, porque es como cuando vamos en una bicicleta por un camino y de repente nos quedamos fuera del mismo, desconcertados, con miedo y sin saber qué hacer.

Es una sensación de incertidumbre y malestar terrible que sólo el tiempo permitirá retomar nuevamente la ruta y aprender a vivir.

Como decía anteriormente, cuando se pierde el trabajo o una pareja, se sufre muchísimo, pero se puede recomenzar, con dificultad al principio, pero definitivamente, el ser humano sale adelante, como lo hicieron los sobrevivientes de la tragedia de Vargas, ocurrida en 1999; han transcurrido 14 años y ellos valientemente aprendieron a vivir con su dolor, con sus pérdidas y reconstruir sus hogares y sus vidas.

El ejemplo de los sobrevivientes de Vargas, nos colocan sobre el tapete que el tiempo ayuda a cicatrizar las heridas, pero la cicatriz está allí, es una marca que difícilmente se borrará, pero se aprende a vivir con ella.

Cuando un ser amado fallece o desencarna, deja un gran vacío, un profundo dolor, porque lo que cuesta es aceptar que ya no volverá, ya no estará entre sus brazos y el drama se complejiza cuando es acompañado de culpa y reproches; lo que dificulta el viaje por la vida; es aquí donde el trabajo del duelo se impone, no se puede aplazar ni pasar por alto. Cada ser humano vive su dolor a su manera, pero se necesita tiempo para readaptar la vida a las nuevas circunstancias y no se debe jugar a que "no está pasando nada".

Es normal pasearse por la rabia, la frustración, la intolerancia, el llanto y la desesperación. Es por ello que las personas cercanas deben contener con amor y paciencia, a veces es mejor no hablar, sólo abrace a quien sufre, lloren juntos creando así un espacio íntimo y cercano.

Respetar el dolor del otro es la mejor medicina, si la persona no desea hablar tome su mano y permanezca en silencio; si le grita abrácela, que sienta su presencia, con paciencia y respetando sus heridas… acompañándolo con el corazón.

Quiero despedirme con el más cálido abrazo para quienes cierran este año con tristeza y dolor, para ustedes todo mi acompañamiento invisible y mi amor.


Por MSc Franca Trezza

Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta