Fundayani

Perder un hijo es una de las experiencias más devastadoras a las que se enfrenta un ser humano. Los padres quedan sumidos en un gran dolor porque es un hecho antinatural, es decir, nadie está preparado para aceptar que los padres entierren a un hijo, cuando debería ser al revés. En un instante se apaga esa vida y todos los sueños, metas y expectativas de los progenitores hacia su descendiente quedan reducidas a nada y la pregunta que surge es ¿será posible recuperarse a esa pérdida y continuar viviendo?

La meta es seguir, a pesar de lo duro, áspero y difícil que se torna el camino, aunque toda ilusión se apague y el dolor queme por dentro, esta terrible experiencia abre un portal para salir fortalecidos como seres humanos.

Continuar es la opción y depende de nosotros el camino que tomemos, ya que se puede elegir encerrarse en el dolor o salir, crecer, evolucionar y vivir con y a pesar del sufrimiento.

Por supuesto que encontrarle un sentido a la vida y retomar un proyecto personal requiere tiempo, fortaleza, voluntad y personas que acompañen con amor. Entretanto, los hijos fallecidos son maestros que transforman la vida de sus padres, pero para renacer existen algunas opciones que pueden ayudar en el proceso de recuperación:

  1. Llorar: el llanto es la expresión del dolor y es sano no frenar este sentimiento y darle rienda suelta, así comienza la elaboración del duelo.
  2. Hablar con otros padres que han pasado por experiencias similares.
  3. Compartir con la pareja, otros hijos, familia, amigos, vecinos, profesores, en fin, colocar en palabras lo que se siente, los recuerdos, picardías y momentos compartidos, ayuda.
  4. Buscar apoyo profesional y aceptar temporalmente la medicación si es necesario, ya que el doliente necesita dormir y alimentarse para así no enfermarse y tener la fuerza física para enfrentar este desafío tan fuerte de la vida.
  5. Escribir lo que se siente, escribirle cartas, orar, oír música, pintar un cuadro, entre otras, son salidas positivas al dolor.
  6. Ser paciente consigo mismo y entender que las reacciones pueden ser impredecibles, a veces las personas rompen a llorar en el supermercado, en la calle, en el trabajo y sencillamente aceptar y vivir cada momento sin juzgarse.
  7. Entender que el dolor puede durar más de lo que la gente cree, cada ser sobrelleva su pena a su manera y el tiempo es personal.
  8. No siempre se puede controlar todo en la vida y aceptar los hechos.
  9. Orar independientemente de su credo, la fe reconforta el alma y la serena.
  10. Elegir sobrevivir aunque lleve años, el gran desafío es reincorporarse al mundo a partir de este nuevo conocimiento y experiencia, eso no significa olvidar, es volver a la vida, es renacer con más amor y comprensión hacia nosotros y los demás y convertirse en mejores personas, más compasivas, misericordiosas, tolerantes y valorar los afectos que quedan.
  11. Por último, la capacidad para perdonar y amar en un mundo imperfecto, es el don que Dios nos ha otorgado para poder vivir plena, valiente y significativamente. 


Por MSc Franca Trezza

Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta